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La Iglesia parroquial de Navacarros es de
gran interés artístico, y se
encuentran amplias noticias sobre ella en el libro becerro, que se
conserva en el archivo parroquial y que se empezó a escribir en el
1729.
Tal iglesia, que está bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora,
se construyó en 1644 aprovechando la disposición y materiales de otra más
antigua. Las obras fueron contratadas por los canteros
gallegos Juan y Pedro Portela y con Antonio Cacho, maestro carpintero
vecino de Valdesangil. Se dio al nuevo templo una vara más de anchura por
cada costado y en lugar de la espadaña que antes tuvo, se construyó
una torre de planta cuadrada que remata en elegante cupulilla. En
1726 se realzaron importantes reformas.
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La capilla
mayor, de techumbre de madera como el resto de la iglesia fue demolida
construyéndose en su lugar un crucero y bóveda de ladrillo.
En 1752 se iniciaron nuevas obras en el crucero de la iglesia, que
terminaron dos años más tarde, siendo de este tiempo las bóvedas, el
coro
bajo y la portada . El retablo del altar mayor se hizo en 1763 y se
completó en 1766. Es semejante al de la iglesia de Santiago, de
Béjar.
La puerta del sagrario conserva
tres buenos esmaltes, que representan a Santa Teresa, San Juan Bautista y
Santa Lucía. Altar también de mérito es uno lateral, del
segundo Renacimiento, y dentro del mismo se ha colocado otro barroco,
pequeño, con columnas salomónicas de hojarasca, y en el que hay una imagen
del crucificado, que se denomina El Santo Cristo del Perdón. Esta efigie es del siglo XVI y procede de la iglesia que
tuvo el gran monasterio de menores de San Francisco, de Béjar, y otros de
los altares, que aún conserva los tres clavos en su parte superior, también
fue de dicho templo. En la puerta del sagrario de este
altar aparece el símbolo del pelícano en relieve barroco, y debió ser de los
últimos en que se puso este atributo. Igualmente bueno es
el dedicado a la Virgen del Rosario, de estilo renacentista. La bella imagen, pequeña y policromada, parece del siglo XVI. El tornavoz del púlpito es del mismo arte que el altar mayor. Las lámparas del Santísimo Sacramento están sostenidas por sierpes, con
dibujos renacentistas muy elegantes.
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Entre los
lienzos que posee esta iglesia merece especial mención el que representa Los desposorios
del Divino Niño
Jesús con Santa Catalina de Sena. El
cuadro carece de firma, pero es, sin duda, una buena copia del magnífico que
tiene por asunto Los desposorios místicos de Santa Catalina, de Correggio,
que se conserva en el Louvre.
En el presbiterio, al lado
de la Epístola, hay un Ecce-Homo, en buen estado de conservación,
considerado como de mucho valor artístico. También carece de firma. En un relicario se guarda una reliquia de San Juan Evangelista. Tiene un sello de cera, del papa Alejandro VI, que vale por una auténtica.
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En el altar de
la Virgen del Carmen hay un crucifijo lleno de óvalos que encierran
varias reliquias, que aún cuando carecen de autenticidad son
devotamente tenidas como verdaderas. Corresponden a Santa Margarita,
Santa Justina, San Vicente, San Severino, San Donato, San Clemente,
San Severo, San Bonifacio, San Jesclato y San Juan Evangelista. Es probable que ambos relicarios estuvieran en el templo conventual de San
Francisco, de Béjar. El órgano, ya bastante deteriorado,
perteneció a ese mismo templo. Esta iglesia era la matriz de que dependían las de la Hoya, Vallejera y
Palomares.
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Al extremo del pueblo, en dirección hacia
Ávila, se encuentra el Humilladero, que se fundó en 1645, celebrándose
fiesta el día de la exaltación de la Santa Cruz. Es una
buena ermita, con amplio portal y arcos torales de piedra, en los que se
sostiene una bóveda de ladrillo. El altar, del segundo
Renacimiento, contiene una talla de la Santa Imagen, al parecer del siglo XVI y de bastante mérito, si bien fue
desacertadamente restaurada en el siglo pasado. A los pies
del Crucificado está arrodillada la Magdalena. Hay una hornacina, guarnecida
con ocho tablas, que, a manera de marcos, ostentan ricos relieves
dorados representando escenas de la Pasión.
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